El agotamiento del espacio terrestre ha modificado las reglas de juego. Ya no existen nuevas tierras que descubrir y por ende estamos siendo testigos de un progresivo e imparable agotamiento de los recursos del planeta.
Poco a poco está tomando forma un nuevo estilo de colonialismo. Estamos asistiendo a un “imperialismo tecnológico”, el cual tiene todas las papeletas de prolongar la dependencia económica de los pobres frente a los ricos.
L os Estados dotados de las técnicas audiovisuales más modernas están en condiciones de ejercer sobre los que no las tienen una influencia cultural y lingüística. El peligro de una unificación cultural a través de las telecomunicaciones está a la vuelta de la esquina.
El desarrollo de los medios de comunicación de masas supone un peligro para el denominado Tercer Mundo, quien reivindica un Nuevo Orden Mundial de la Información y de la Comunicación pese a la fuerte oposición de las organizaciones privadas de medios.
La labor que los Estados venían desempeñando y para lo que fueron creados podría estar llegando a su fin; la iniciativa privada va cobrando peso, asumiendo el rol de comerciante, proveedor o fabricante para con el estado.
Así mismo, los organismos internacionales también van haciéndose un hueco en este nuevo horizonte.
El gigante asiático, con China a la cabeza, es el que se encuentra a la vanguardia en cuanto a la alta tecnología se refiere. Su vertiginoso desarrollo puede equipararse con un tsunami a punto de arrollarnos. Por eso los hay quienes temen su conversión en gran potencia cuando su desarrollo económico este a la par que el tecnológico.
Pero una gran censura impide a la población china la libertad de expresión.
Las empresas privadas colaboran con el gobierno -ya sea por intereses privados, conveniencia, etc-, para realizar esta labor. Encarcelados en su propio país consumen aquello que ha pasado previamente por un filtro, les es denegado el derecho a acceder libremente a la información.
Esta situación está cada vez más cerca. Consumimos lo que se quiere que consumamos, sabemos lo que se quiere que sepamos, vemos lo que se quiere que veamos…sin tener que desplazarnos a China; en definitiva somos peones en un tablero de ajedrez.
Los medios de comunicación mueven los hilos del entramado social a nivel local, nacional e internacional. Son los principales actores en esta nueva “guerra” de ondas e imágenes. La concentración del poder de informar puede y está provocando nuevas formas de control.
¿Llegará el día que asistamos al nacimiento de una nueva potencia capaz de censurar la libertad de expresión a nivel mundial? ¿Llegará el día en que la unificación cultural a través de las telecomunicaciones sea una realidad?
Por lo pronto solo se trata de focos aislados pero no hay que hacer oídos sordos a esta situación, pues la brecha que separa al mundo en países desarrollados y no desarrollados también alcanza al ámbito tecnológico y siempre habrá un actor que se pretenda aprovechar de esta situación de inferioridad.
El avance informático dentro del Tercer Mundo es una forma de luchar en pos de la igualdad de condiciones, librándolos de la sumisión que las grandes potencias vienen ejerciendo desde antaño. Pero una vez más esto va en detrimento de los intereses económicos de los más ricos.